MIDTERM ELECTIONS
Noviembre del 2006
ELECCIONES
Una vez más, pensaba mientras abordaba el avión en Copenhague, en el barco que rectificaba algunos grados a babor, para retomar el rumbo. Atrás quedaba una Dinamarca eufórica, porque Bush, había perdido.
Yo también iba contento, pero por diferentes razones. Por haber elegido a los Estados Unidos por lugar de residencia.
Por doscientos treinta años, en esta tierra, la existencia ha sido predecible a pesar de sus campañas y papeles imperiales. La injusticia social ha sido más justa que en ninguno de los imperios y naciones que le precedieron y aún en aquellas que coexisten con su hegemonía. Y si hay un respeto hacia mi tierra adoptiva, es con un trasfondo de envidia a pesar de todo lo que el mundo le debe.
Un solo hecho ha bastado, el de la publicación de los carteles ofensivos a Mahoma, para que la xenofobia se mastique en el aire en Dinamarca. Quien lo hubiera pensado, que tan maravillosa y liberal cultura, sucumbiera al miedo de ser absorbida.
Jamás, un inmigrante podrá sentirse igual de seguro e identificado con su grupo cultural, a la vez que desinhibido de participar en el proceso económico y político de la nación que lo acoge, como en los Estados Unidos.
Sea por la Democracia representativa, sostenida por su economía capitalista imperial. Sea porque es aún un Estado de Derecho a pesar de la reacción política a los hechos del 11 de septiembre, pero es el único lugar del mundo donde un emigrante puede ser afro-americano, anglo-americano, cubano-americano, hispano-americano, ítalo-americano, judeo-americano, etc, vivir dentro de su comunidad particular, usar su lengua, religión, cultura, y al mismo tiempo integrarse completamente a la Nación y todo lo que conlleva en ella. Desde Policía hasta Senador. Desde Gobernador Estatal hasta Ministro. Desde Embajador hasta Ejecutivo de empresas.
No hablaré, sino de pasada, de la grandeza histórica de salvar todo un continente de su total autodestrucción y protegerle de la dominación Soviética en el siglo XX, después de haberle dado las ideas para que entrara al mundo moderno, liquidando su Monarquia de Derecho Divino en el siglo XVIII. De ser el único Imperio que sostuvo una guerra civil, para liberal sus esclavos. Y de tolerar día a día la dilución de su cultura anglo-europea por un constante flujo imparable de latinoamericanos y asiáticos
Mi felicidad se basa, en que para que la existencia sea predecible, no importa quién gobierne, si sabemos que el cambio no conlleva el radicalismo deseado. Son solo puntos a babor o estribor, que no irán mas allá de ocho años. Todos los partidos tienen sus compromisos internos. No importa que en una elección haya fraude, si hay elecciones y en la mayoría no hay fraude, y es un fenómeno rítmico. La felicidad está en el balance. Y esto es una Revolución.
Que pena que la Izquierda Intelectual nunca lo haya querido entender, Desde finales del primer tercio del siglo XX, la intelectualidad ha vivido en una pose. La pose de las Post-guerras, pose que se ha sublimado en la Poesía.
Poesía es Arte. Politizar el arte es tan pecaminoso como asesinar a los pueblos con la mentira. Este es alimento del alma, no del estómago
Es el Balance, estúpido !!. No es la Hipérbole, ni la Emoción la que conduce el barco que yo elegí.
Aquí florecen las artes, que por más que quieran, como la religión, nunca serán estipendiarias, ni dominarán a un líder, porque no habrá lugar para él. Eso es Revolución.
Quisiera que Saramago o García Márquez, entre otros, llegaran a confesarse un día (eso sí, con un buen cura liberal Jesuita) de todo el daño que han hecho a sus respectivos pueblos, y quienes los siguen, por toda su estúpidez. La mayor, no haber predicado el Positivismo, en lugar de la Poesía de la mentira.
Noviembre del 2006
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© 2006 All Rights Reserved.
ELECCIONES
Una vez más, pensaba mientras abordaba el avión en Copenhague, en el barco que rectificaba algunos grados a babor, para retomar el rumbo. Atrás quedaba una Dinamarca eufórica, porque Bush, había perdido.
Yo también iba contento, pero por diferentes razones. Por haber elegido a los Estados Unidos por lugar de residencia.
Por doscientos treinta años, en esta tierra, la existencia ha sido predecible a pesar de sus campañas y papeles imperiales. La injusticia social ha sido más justa que en ninguno de los imperios y naciones que le precedieron y aún en aquellas que coexisten con su hegemonía. Y si hay un respeto hacia mi tierra adoptiva, es con un trasfondo de envidia a pesar de todo lo que el mundo le debe.
Un solo hecho ha bastado, el de la publicación de los carteles ofensivos a Mahoma, para que la xenofobia se mastique en el aire en Dinamarca. Quien lo hubiera pensado, que tan maravillosa y liberal cultura, sucumbiera al miedo de ser absorbida.
Jamás, un inmigrante podrá sentirse igual de seguro e identificado con su grupo cultural, a la vez que desinhibido de participar en el proceso económico y político de la nación que lo acoge, como en los Estados Unidos.
Sea por la Democracia representativa, sostenida por su economía capitalista imperial. Sea porque es aún un Estado de Derecho a pesar de la reacción política a los hechos del 11 de septiembre, pero es el único lugar del mundo donde un emigrante puede ser afro-americano, anglo-americano, cubano-americano, hispano-americano, ítalo-americano, judeo-americano, etc, vivir dentro de su comunidad particular, usar su lengua, religión, cultura, y al mismo tiempo integrarse completamente a la Nación y todo lo que conlleva en ella. Desde Policía hasta Senador. Desde Gobernador Estatal hasta Ministro. Desde Embajador hasta Ejecutivo de empresas.
No hablaré, sino de pasada, de la grandeza histórica de salvar todo un continente de su total autodestrucción y protegerle de la dominación Soviética en el siglo XX, después de haberle dado las ideas para que entrara al mundo moderno, liquidando su Monarquia de Derecho Divino en el siglo XVIII. De ser el único Imperio que sostuvo una guerra civil, para liberal sus esclavos. Y de tolerar día a día la dilución de su cultura anglo-europea por un constante flujo imparable de latinoamericanos y asiáticos
Mi felicidad se basa, en que para que la existencia sea predecible, no importa quién gobierne, si sabemos que el cambio no conlleva el radicalismo deseado. Son solo puntos a babor o estribor, que no irán mas allá de ocho años. Todos los partidos tienen sus compromisos internos. No importa que en una elección haya fraude, si hay elecciones y en la mayoría no hay fraude, y es un fenómeno rítmico. La felicidad está en el balance. Y esto es una Revolución.
Que pena que la Izquierda Intelectual nunca lo haya querido entender, Desde finales del primer tercio del siglo XX, la intelectualidad ha vivido en una pose. La pose de las Post-guerras, pose que se ha sublimado en la Poesía.
Poesía es Arte. Politizar el arte es tan pecaminoso como asesinar a los pueblos con la mentira. Este es alimento del alma, no del estómago
Es el Balance, estúpido !!. No es la Hipérbole, ni la Emoción la que conduce el barco que yo elegí.
Aquí florecen las artes, que por más que quieran, como la religión, nunca serán estipendiarias, ni dominarán a un líder, porque no habrá lugar para él. Eso es Revolución.
Quisiera que Saramago o García Márquez, entre otros, llegaran a confesarse un día (eso sí, con un buen cura liberal Jesuita) de todo el daño que han hecho a sus respectivos pueblos, y quienes los siguen, por toda su estúpidez. La mayor, no haber predicado el Positivismo, en lugar de la Poesía de la mentira.
Noviembre del 2006
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