No Toda la Izquierda fue Obediente
Jorge Edwards
Ha vuelto Edwards a recibir reseñas en la prensa internacional después de una reciente entrevista en Madrid sobre la revalorización de su Personna non grata (Editorial Barral, 1973), entonces un estigma de la época. A ésta le han seguido apariciones en la prensa de Miami y Nueva York, México, Chile y Buenos Aires.
Esto le creó a su autor grandes dificultades con la izquierda internacional y con el gobierno de Salvador Allende, al cual representaba en Cuba. Y también, como izquierdista, estuvo excluido de la vida política de su país durante la dictadura de Augusto Pinochet. Años que pasó exiliado en Barcelona.
A pesar de los consejos recibidos por Neruda, embajador de Allende en París, éste no quiso enmendar su análisis de la Revolución Cubana y el libro salió a la luz con todo lo que significó de controversial y negativo en la izquierda que cerraba filas en apoyo al régimen castrista.
Una postura disidente tan temprana, viniendo de un intelectual militante de la izquierda habla de muchas cosas.
En primer lugar, de su valentía y principios de expresar lo que ve y vive, con el solo propósito de comunicar la verdad. Sin intereses personales, dado que esto, a sabiendas le buscó, lejos de un oportunismo, rechazos de ambos lados, en un mundo ya polarizado por la Revolución Cubana de entonces.
En segundo lugar, que los cubanos debemos reconocimiento a este hombre digno, y que todo lo que proviene de la izquierda, no es nuestro enemigo en este mundo que se nos enseñó dividido.
Yo personalmente creo, que su esmerada educación Jesuita, ha tenido mucho que ver con su sustrato moral y convicciones, siendo una excepción de ejemplo abortivo la educación recibida en la misma institución por Fidel Castro.. Yo siempre he creído que la asistencia de éste último a mi institución fue una contra corriente impuesta al Colegio, vaya usted a saber por qué motivos. Creo conocerlos, pero no es asunto que nos ocupa.
Jorge Edwards es un hombre equilibrado, valiente, abogado, diplomático y escritor. Humanista, militante por la justicia social y la igualdad en el mundo, y predica con su ejemplo. Como valiente que es, pudo afrontar el estilo gansteril de Fidel Castro, sus amenazas contra su seguridad personal, chantajes, intimidaciones y presiones durante sus seis meses de estancia en La Habana.
Su misión de apertura de la primera relación diplomática de una nación latinoamericana socialista, después de un bloqueo total por la OEA, quedó truncada, por el sólo hecho de que supo ver claramente, que aquello no era una revolución. Y más grande aún, tuvo el coraje de decirlo y descarrilar esta coyuntura histórica de reafirmacion al castrismo.
Imaginemos por un momento el significado que siendo chileno, militando en el partido que gobierna a Chile, representando a su país en Cuba, en el año 1973, siendo escritor, cuando toda la intelectualidad estaba de rodillas ante la revolución cubana, este señor elige sus principios, la controversia, y finalmente el exilio para vivir años en la oscuridad, hasta su reciente restauración.
No puedo llegar a otra conclusión que pensar, que los mismos métodos de chantaje e intimidación, si acaso hasta con cosas personales íntimas, han sido empleados con otros intelectuales, para obligarlos a apoyar públicamente este proceso. Porque otra cosa no se concibe de hombres por demás inteligentes, sino que se encuentren bajo un chantaje del cual les es imposible sustraerse.
El tiempo podrá sacar a la luz, y narrar las historias. Mientras tanto, la más grande admiración y respeto para el señor Jorge Edwards. Creo, si no me equivoco, que a este le espera un monumento en el parnaso de Cuba.
Ha vuelto Edwards a recibir reseñas en la prensa internacional después de una reciente entrevista en Madrid sobre la revalorización de su Personna non grata (Editorial Barral, 1973), entonces un estigma de la época. A ésta le han seguido apariciones en la prensa de Miami y Nueva York, México, Chile y Buenos Aires.
Esto le creó a su autor grandes dificultades con la izquierda internacional y con el gobierno de Salvador Allende, al cual representaba en Cuba. Y también, como izquierdista, estuvo excluido de la vida política de su país durante la dictadura de Augusto Pinochet. Años que pasó exiliado en Barcelona.
A pesar de los consejos recibidos por Neruda, embajador de Allende en París, éste no quiso enmendar su análisis de la Revolución Cubana y el libro salió a la luz con todo lo que significó de controversial y negativo en la izquierda que cerraba filas en apoyo al régimen castrista.
Una postura disidente tan temprana, viniendo de un intelectual militante de la izquierda habla de muchas cosas.
En primer lugar, de su valentía y principios de expresar lo que ve y vive, con el solo propósito de comunicar la verdad. Sin intereses personales, dado que esto, a sabiendas le buscó, lejos de un oportunismo, rechazos de ambos lados, en un mundo ya polarizado por la Revolución Cubana de entonces.
En segundo lugar, que los cubanos debemos reconocimiento a este hombre digno, y que todo lo que proviene de la izquierda, no es nuestro enemigo en este mundo que se nos enseñó dividido.
Yo personalmente creo, que su esmerada educación Jesuita, ha tenido mucho que ver con su sustrato moral y convicciones, siendo una excepción de ejemplo abortivo la educación recibida en la misma institución por Fidel Castro.. Yo siempre he creído que la asistencia de éste último a mi institución fue una contra corriente impuesta al Colegio, vaya usted a saber por qué motivos. Creo conocerlos, pero no es asunto que nos ocupa.
Jorge Edwards es un hombre equilibrado, valiente, abogado, diplomático y escritor. Humanista, militante por la justicia social y la igualdad en el mundo, y predica con su ejemplo. Como valiente que es, pudo afrontar el estilo gansteril de Fidel Castro, sus amenazas contra su seguridad personal, chantajes, intimidaciones y presiones durante sus seis meses de estancia en La Habana.
Su misión de apertura de la primera relación diplomática de una nación latinoamericana socialista, después de un bloqueo total por la OEA, quedó truncada, por el sólo hecho de que supo ver claramente, que aquello no era una revolución. Y más grande aún, tuvo el coraje de decirlo y descarrilar esta coyuntura histórica de reafirmacion al castrismo.
Imaginemos por un momento el significado que siendo chileno, militando en el partido que gobierna a Chile, representando a su país en Cuba, en el año 1973, siendo escritor, cuando toda la intelectualidad estaba de rodillas ante la revolución cubana, este señor elige sus principios, la controversia, y finalmente el exilio para vivir años en la oscuridad, hasta su reciente restauración.
No puedo llegar a otra conclusión que pensar, que los mismos métodos de chantaje e intimidación, si acaso hasta con cosas personales íntimas, han sido empleados con otros intelectuales, para obligarlos a apoyar públicamente este proceso. Porque otra cosa no se concibe de hombres por demás inteligentes, sino que se encuentren bajo un chantaje del cual les es imposible sustraerse.
El tiempo podrá sacar a la luz, y narrar las historias. Mientras tanto, la más grande admiración y respeto para el señor Jorge Edwards. Creo, si no me equivoco, que a este le espera un monumento en el parnaso de Cuba.

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